El peso de los años

19/01/2009

Lucía Couto - J. Ángel Díaz. Osteóptas de SANESCO, Centro de Osteopatía y Terapia Manual

Algunas sociedades consideran que las personas mayores se encuentran en los mejores años de su vida, el momento de ser un anciano respetado y con experiencia. ¿Acaso un japonés contemporáneo no llega a larga edad perfectamente lúcido y activo?

Corrientemente se piensa que a partir de determinada edad los dolores y las incapacidades físicas y mentales son ineludibles. Opinión que se basa en una visión pesimista de la vida si se piensa que, teóricamente la duración de la vida humana puede alcanzar los 120 años. Para alcanzar tal longevidad es preciso haber sabido luchar contra todos los factores agresivos (físicos, químicos, psíquicos) que en el curso de los años, atenta contra nuestro potencial vital que debemos administrar con economía y racionalidad.

A menudo se considera que el desgaste y los cambios degenerativos asociados a los huesos, articulaciones y músculos son una parte normal de la edad avanzada y se le resta importancia.

Algunos factores de desgaste son evitables: un modo de vida deficiente, una alimentación carenciada, desequilibrada o excesiva, la fatiga, la falta de sueño, los excesos, envejecen prematuramente.

Jóvenes que han sufrido numerosos accidentes se ven ya aquejados de artrosis y de dolores, en el extremo opuesto también podemos ver personas de 85 años saludables y esbeltas.

No obstante, el sistema osteomuscular es el principal consumidor de energía del organismo y, cuando se encuentra alterado o es ineficiente, pondrá a prueba aún más los recursos corporales.

El sistema osteomuscular, constituido por huesos, articulaciones y músculos y sus tejidos conjuntivos asociados, presenta cambios con el envejecimiento. Los huesos se tornan más débiles, rígidos y quebradizos, mientras que los músculos disminuyen en fuerza y volumen, aunque su capacidad de ser entrenados puede mantenerse hasta edades bastante avanzadas. Las articulaciones manifiestan una reducción de su amplitud de movimiento atribuible a una disminución de la flexibilidad. El cartílago se vuelve más rígido y frágil. Todos estos cambios se consideran <<normales>> con la edad porque el envejecimiento no es una enfermedad. Pero resulta difícil definir cuando es envejecimiento normal y cuando es enfermedad.

Los cambios degenerativos crónicos en las articulaciones son muy frecuentes en los ancianos. El simple acto de caminar consume una cierta cantidad de energía en todas las personas, estén sanas o no.

La artrodesis de una articulación de la extremidad inferior como la cadera, la rodilla o el tobillo aumenta las demandas energéticas  de un modo bastante considerable. La artrodesis del tobillo requiere un 3% más de energía para mantener la velocidad de marcha habitual, la artrodesis de rodilla aumenta el consumo energético en un 23% y la de la cadera en un 32%, por lo que puede suponerse que cualquier reducción de la función normal de una articulación aumentará la demanda energética. En los ancianos se observa a menudo que está afectada, en mayor o menor grado, más de una articulación  de la extremidad inferior. Una mejoría de estas articulaciones  reducirá esta demanda energética del paciente. En un anciano con un sistema cardiovascular o respiratorio comprometido, esta mejoría puede representar una variación considerable de su calidad de vida.

Cualquier tratamiento de los ancianos (o cualquier jóven comprometido) debe ser mínimamente invasivo y no resultar demasiado agotador para el paciente, aunque a veces resulte casi imposible, ya que habrá de existir una cierta cantidad de gasto energético por parte del paciente a fin de "pagar" estos cambios.

La mayor parte de los que hemos experimentado tratamientos hemos percibido una sensación de cansancio y molestias poco importantes conforme el organismo se adapta a las aferencias.

No obstante , las técnicas que se emplean en los ancianos tienden a ser más suaves que las que se utilizan en los pacientes más jóvenes y a menudo se evitan completamente las técnicas de impulso de alta velocidad. Las técnicas funcionales, articulares y miofasciales se utilizan  mucho más y con buenos efectos.

Por lo que la edad nunca debe hacer renunciar a consultar con el osteópata. La suavidad e individualización de las técnicas, no pueden ser más que benéficas para aquellos pacientes que decididamente están dispuestos a hacer lo que sea posible para mejorar y seguir siendo el mayor tiempo posible seres independientes que pueden valerse por sí mismos.

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