Telefónicas

04/05/2009

Casi a diario estamos viendo debates televisivos entre sindicatos, patronal y gobierno, intentando paliar la pérdida de puestos de trabajo, los cuales incrementan el número de parados en cifras tan alarmantes que ya superan al resto de los países europeos. A pesar de que la oferta de empleo sigue siendo precaria, un sector de nuestros jóvenes encontraban trabajo en compañías telefónicas o de telemarketing que ofrecen información y servicios. Por supuesto que la frustración de estos jóvenes es total y absoluta debido a la falta de trabajos adecuados a sus estudios, sin poder desarrollar una labor para la cual han sacrificado parte de su vida, sin embargo aguantaban el chaparrón en espera de tiempos mejores.
Ahora resulta, que estas compañías que se están aprovechando de subvenciones del gobierno español, han desoído a nuestro presidente, trasladando estos servicios a países donde pagan sueldos infinitamente menores cesando en sus empleos a los trabajadores nacionales, que en definitiva son consumidores en España y de alguna manera estaban contribuyendo a su mantenimiento. Solo en nuestra ciudad durante los años 2007 y 2008 se han perdido alrededor de ochocientos cincuenta puestos de trabajo en este sector.


La actitud empresarial de estas empresas no está ayudando al consumo y estabilización del empleo, ya que todos dependemos del trasvase de servicios y productos, por lo que se puede producir empobrecimiento y ruptura de la cadena de consumo, engordando sus arcas con el ofrecimiento de servicios desde Latino América o Marruecos,  empleando a gente que aunque también tienen derecho a vivir no son consumidores en España. O sea, es desvestir a un santo para vestir a otro.


Si lo que se pretende es generar empleo, creo que no se está utilizando el método más adecuado. Nuestros dirigentes tendrían que plantearse que las empresas  que desarrollen su trabajo en España sean responsables de mantener los puestos, independientemente de las ayudas que tuviesen que darles para estabilizarlos.
También los consumidores tendríamos que plantearnos el no aceptar ofertas que nos hagan desde otros países, para vendernos servicios o productos nacionales a través de empresas españolas ubicadas en otros continentes.

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